17/3/26

SABANAS LIBRES




 Sábanas Libres


Un cuento de Juan José Páez Rivadeneira

Para todas las almas que alguna vez buscaron un territorio sin cadenas.

El mapa sin fronteras

Nadie sabe exactamente cuándo comenzó a llamarse así aquel lugar.

Algunos dicen que fue Elena quien lo bautizó una tarde de octubre, cuando el sol caía oblicuo sobre los tejados de la ciudad vieja y ella, tendida en la cama con los brazos abiertos como alas que aún no han aprendido a plegarse, dijo en voz alta —sin dirigirse a nadie en particular, o quizás dirigiéndose al universo entero—:

—Aquí las sábanas son libres.

Y Marcos, que estaba de pie junto a la ventana mirando cómo la lluvia comenzaba a dibujar ríos efímeros sobre el cristal, se giró hacia ella y entendió sin necesidad de diccionarios ni de explicaciones que acababa de nacer algo que no tenía nombre hasta ese instante.

Sábanas libres.

No era una habitación cualquiera. Era un cuarto en el tercer piso de una casa antigua, con vigas de madera que crujían como los versos de un poema mal memorizado, con una ventana que daba a un callejón donde los gatos celebraban sus propias asambleas nocturnas, y con una cama que había visto pasar el tiempo sin juzgarlo. Las paredes guardaban el silencio con la misma dignidad con que un buen amigo guarda un secreto.

Pero lo que hacía libre aquel territorio no eran sus paredes, ni sus maderas, ni su ventana.

Era lo que sucedía dentro.

Elena

Elena caminaba por el mundo como quien conoce el peso exacto de sus propios pasos.

No había llegado a Marcos por obediencia, ni por miedo a la soledad, ni porque alguien le hubiese trazado el camino con el dedo índice de la autoridad. Había llegado porque quiso. Porque una mañana lo vio discutir apasionadamente en una plaza con un vendedor de libros sobre si Borges era más laberinto que biblioteca o más biblioteca que laberinto, y algo dentro de ella —algo que no tenía nombre científico pero que los poetas llevan siglos intentando describir— dio un paso adelante antes de que su cabeza tomara ninguna decisión.

Elena no pedía permiso para desear.

Esta es la primera y más radical de sus libertades.

No le habían enseñado eso en ninguna escuela, porque ninguna escuela lo enseña. Lo había aprendido a golpes suaves contra la realidad, deshaciendo uno a uno los nudos que otros habían intentado atar alrededor de su voluntad. Nudos que venían disfrazados de tradición, de amor protector, de sentido común, de mandatos que nadie firmó pero que circulaban como moneda de curso legal en el mercado de las expectativas.

Ella los había ido desatando, despacio, con la paciencia de quien sabe que la libertad no se conquista de una vez sino en pequeñas batallas cotidianas.

Y cuando llegaba a Sábanas Libres, llegaba entera.

Sin pedir disculpas por su cuerpo. Sin negociar su deseo. Sin traducirse a ningún idioma que no fuera el suyo propio.

Marcos

Marcos había aprendido, antes de Elena, lo que no quería ser.

Había visto hombres que amaban como quien ocupa un territorio: plantando banderas, trazando límites, nombrándose a sí mismos dueños de aquello que en realidad no puede poseerse. Hombres que confundían el amor con la posesión, el deseo con el control, la pasión con la dominación.

Y había decidido —con la misma firmeza silenciosa con que se toman las decisiones que de verdad cambian la vida— que el amor, si alguna vez llegaba, tendría que parecerse a otra cosa.

Tendría que parecerse a un territorio sin guardianes.

A una conversación entre iguales.

A dos personas que se eligen cada día no porque no tengan a dónde ir, sino porque prefieren, entre todos los lugares posibles del mundo, estar ahí.

Cuando Elena llegó a su vida, Marcos descubrió que el deseo más profundo que había conocido no era el deseo de poseerla sino el de verla plena. El de escuchar su voz cuando hablaba de las cosas que le importaban. El de observar cómo sus manos se movían al contar una historia. El de saber que cuando ella venía a él, venía libre, y que esa libertad era exactamente lo que hacía que su llegada fuera sagrada.

No hay nada más hermoso que ser elegido por alguien que no está obligado a elegirte.

 La república de las sábanas

Sábanas Libres tiene su propia constitución, aunque nunca ha sido escrita.

No hay en ella presidentes vitalicios, ni dogmas que obedezcan a ningún partido, ni sacerdotes que bendigan o condenen, ni jueces que dicten sentencias sobre lo que debe o no debe sentirse. No hay en ella razas superiores ni inferiores, ni cuerpos correctos ni incorrectos, ni formas de amar que sean más legítimas que otras. No hay en ella apellidos con peso ni cuentas bancarias que abran o cierren puertas.

En Sábanas Libres el único idioma que se habla es el de la honestidad.

Y la única ley, si puede llamarse ley a algo que nace del deseo y no del miedo, es esta: nadie está aquí contra su voluntad, y nadie obliga a nadie a quedarse.

Esta ley, tan simple que cabe en una línea, es en realidad más revolucionaria que todos los manifiestos que han llenado las plazas de la historia. Porque la historia, lamentablemente, está llena de lugares donde las personas —y las mujeres especialmente— estaban sin haber elegido estar. Cuerpos administrados por otros cuerpos. Deseos gestionados por deseos ajenos. Voluntades dobladas bajo el peso de la autoridad religiosa, social, económica, ideológica.

Sábanas Libres es la antítesis de todo eso.

Es la democracia más pequeña y más verdadera que existe: dos personas que se gobiernan a sí mismas y que, en el encuentro, crean un territorio donde ninguno de los dos pierde su nombre.

La noche de octubre

Aquella noche de octubre en que Elena bautizó el lugar, habían llegado los dos mojados por la lluvia.

Habían caminado sin paraguas porque ninguno de los dos lo había previsto y porque cuando la conversación es buena uno no suele prestar atención al cielo. Llegaron riendo, con los abrigos pegados a la piel, y subieron las escaleras de madera crujiente con ese tipo de prisa que no es urgencia sino anticipación.

Elena se quitó el abrigo y lo tendió sobre la silla con un gesto que era al mismo tiempo doméstico y soberano. Como quien actúa en su propio territorio porque sabe que lo es.

Marcos encendió la lámpara pequeña que estaba sobre la mesilla —nunca la grande, que era demasiado categórica, demasiado parecida a un interrogatorio— y la luz de octubre que llenó la habitación era del color exacto del ámbar, del color de las cosas que uno quiere guardar para siempre.

Se miraron.

No con el hambre desesperada de quien teme que el otro desaparezca, sino con la calma profunda de quien sabe que lo que hay entre ellos no necesita ser controlado para sobrevivir. Era una mirada que contenía muchas cosas al mismo tiempo: deseo y ternura, familiaridad y descubrimiento, certeza y asombro. La mirada de dos personas que han aprendido que conocerse no es lo opuesto de sorprenderse.

—¿Quieres? —dijo Marcos.

Una pregunta real, sin trampa, sin presión disfrazada de romanticismo, sin la violencia sutil de quien pregunta esperando solo una respuesta.

—Sí —dijo Elena.

Y esa afirmación valía exactamente lo que vale cualquier cosa elegida con libertad: todo.

La geografía del deseo

El deseo, cuando es libre, no se parece al deseo que nos han enseñado en el cine.

No es dramático ni angustiado. No persigue ni huye. No es la tormenta que arrasa sino el río que sabe adónde va. Es algo más parecido al reconocimiento que a la conquista. Más cercano al asombro que a la posesión.

En Sábanas Libres el cuerpo de Elena era de Elena.

Esto, que debería ser una obviedad tan evidente que no necesitara ser dicha, es en realidad una de las verdades más subversivas que puede habitarse. Porque durante siglos —demasiados siglos, una vergüenza acumulada de siglos— el cuerpo de las mujeres fue administrado por poderes externos. Por el derecho canónico y el civil. Por la economía del matrimonio. Por las inquisiciones de toda clase y denominación. Por los partidos que decían liberar a los pueblos mientras sometían a las mujeres con mano izquierda más refinada pero igualmente certera.

Elena sabía esta historia porque la había estudiado con rabia y con tristeza.

Y cada vez que su cuerpo era completamente suyo, en Sábanas Libres, estaba haciendo sin saberlo una pequeña revolución personal que conectaba con todas las mujeres que antes de ella no habían podido tenerla.

Marcos lo sabía también.

Y el hecho de saberlo no lo hacía menos apasionado sino más. Porque el deseo que nace del respeto tiene una profundidad que el deseo del dominio nunca puede alcanzar. Cuando el otro es libre, el encuentro es real. Cuando el otro está sometido, el encuentro es una ficción, un espejo donde solo te ves a ti mismo.

En Sábanas Libres se veían el uno al otro.

La conversación después

Quizás lo más extraordinario de Sábanas Libres no era lo que sucedía en el calor del deseo sino lo que venía después.

La conversación.

Porque en aquel territorio los dos hablaban. Con la misma libertad con que habían llegado, con la misma ausencia de jerarquías con que se habían encontrado. Elena hablaba de sus proyectos y Marcos escuchaba sin interrumpir para corregir. Marcos contaba sus miedos y Elena no los minimizaba ni los administraba. Se preguntaban cosas que tenían respuestas incómodas y las decían de todas formas, porque la honestidad era el único material con el que podían construir algo que durase.

No había en esa conversación roles asignados por la biología, ni por la tradición, ni por ningún manual de instrucciones redactado antes de que ninguno de los dos naciera. No había uno que mandase y otro que obedeciese. No había uno que pensara y otro que sintiera. No había uno que fuera sujeto y otro que fuera objeto.

Había dos personas.

Punto.

Dos personas con sus complejidades, sus historias, sus contradicciones, sus días buenos y sus noches difíciles. Dos personas que habían decidido —sin contrato ni ceremonia, sin testigos ni jueces— que el tiempo que pasaban juntos sería tiempo de iguales.

Y eso, en un mundo que durante tanto tiempo se empeñó en construir las relaciones sobre la asimetría, era una forma de utopía privada.

Lo que Sábanas Libres enseña

Con el tiempo, Elena y Marcos descubrieron que Sábanas Libres no era solo aquel cuarto de las vigas crujientes y la ventana al callejón de los gatos.

Era una manera de estar en el mundo.

Una práctica cotidiana, que tenía que renovarse cada día como los países que se llaman democráticos tienen que renovar cada día su compromiso con la libertad —y con frecuencia no lo hacen, y entonces dejan de serlo aunque mantengan el nombre.

Sábanas Libres podía instalarse en cualquier lugar. En la mesa del desayuno donde nadie le dice al otro lo que tiene que sentir. En la calle donde se camina al mismo paso, sin que ninguno arrastre al otro. En la discusión donde se puede disentir sin que el amor se rompa, porque el amor verdadero no es frágil sino resistente, no se quiebra con la diferencia sino que la integra.

Lo que Sábanas Libres enseña es simple y tremendo al mismo tiempo:

El amor que necesita cadenas no es amor. Es administración.

El deseo que necesita sumisión no es deseo. Es hambre de poder.

La pasión verdadera no se alimenta de la rendición del otro sino de su plenitud.

Y la democracia, la real, la que vale la pena defender con la vida si hace falta, se parece más a una cama donde nadie tiene que pedir permiso para existir que a cualquier institución que haya existido jamás.

Final (que no es un cierre sino una apertura)

La última imagen de este cuento no es una imagen dramática.

Es Elena, una mañana de domingo cualquiera, que se despierta antes que Marcos y se queda mirando la luz que entra por la ventana. Una luz de invierno que es fría y limpia al mismo tiempo. Escucha los primeros ruidos de la ciudad que despierta. Piensa en sus cosas —en el proyecto que tiene entre manos, en la llamada que tiene pendiente, en el libro que dejó a medias en la mesilla.

Y en un momento dado, sin ningún motivo especial, sonríe.

No porque sea perfectamente feliz —la felicidad perfecta es una mentira que venden los que quieren que consumas— sino porque está donde quiere estar. Porque ha llegado hasta aquí sin que nadie le haya torcido el brazo. Porque el hombre que duerme a su lado no es un carcelero disfrazado de amante sino alguien que duerme tranquilo precisamente porque sabe que ella es libre.

Marcos abre los ojos.

La ve sonreír.

—¿Qué piensas? —pregunta.

—Que aquí las sábanas son libres —dice ella.

Y él entiende, como la primera vez, que eso lo es todo.

---

NO HABRA FINAL

---

Juan José Páez Rivadeneira
En cualquier octubre que se parezca a la libertad.

14/2/26

Conferencia Internacional sobre Inteligencia Artificial para el Derecho ICAIL, de 2026, Singapur.

 




  • 21a Conferencia sobre Inteligencia artificial y Derecho.
    Fecha: 8 al 12 de junio de 2026
    Lugar
    Universidad de Gestión de Singapur
    Yong Pung Cómo Facultad de Derecho
    Calle Armenia 55
    Singapur 179943
OTROS EVENTOS 
Inteligencia artificial y derecho
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Las implicaciones éticas y sociales del campo de la inteligencia artificial y el derecho
Lógica epistémica dinámica del cambio de creencias en juicios legales
Personalidad jurídica de los robots
Inteligencia artificial para la justicia
Razonamiento basado en normas y valores
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Eventos relacionados


Análisis profundo del caso de la audiencia suspendida en la acción de protección de Emelec y su vínculo con la protección de datos personales.


El artículo que enlazas describe un incidente ocurrido el 12 de febrero de 2026 en la audiencia de la **acción de protección** presentada por el socio Pedro Merchán contra el Club Sport Emelec. El objetivo era dejar sin efecto la convocatoria a elecciones (programadas para el 21 de febrero de 2026 en el estadio George Capwell), argumentando que solo 842 socios están habilitados según el reglamento y que se vulneran derechos de participación al no permitir otras candidaturas. Se solicitó también una medida cautelar para suspender el proceso electoral.

Durante la audiencia virtual vía Zoom, un usuario no autorizado ("Javier", identificado como tercero ajeno) insertó un video deepfake generado con inteligencia artificial (IA)** del abogado Guillermo Moreira (defensor de Emelec). El video mostraba al letrado en una situación degradante (desnudándose y exhibiendo musculatura). La jueza Gareyng Mata, inicialmente, amenazó con expulsar al abogado pensando que era él quien lo había subido, pero al verificar el sabotaje, suspendió la diligencia y la reprogramó para el 18 de febrero de 2026, solicitando apoyo técnico. Moreira denunció el hecho en X como un acto de "troleo" y sabotaje.

Este caso no es solo un "troleo" judicial: expone vulnerabilidades graves en la ciberseguridad de las audiencias virtuales y un claro riesgo de violación a la protección de datos personales, agravado por el uso de IA. A continuación, profundizo en los aspectos solicitados: protección de datos, artículos de ley, jurisprudencia y el problema de los jueces con bajo conocimiento tecnológico.

1. Protección de datos personales en este contexto

El deepfake implica tratamiento ilícito de datos personales del abogado Moreira:
- Su imagen facial y posiblemente voz son datos biométricos (únicos y relativos a características físicas para identificación).
- La creación y difusión del video sin consentimiento viola principios básicos: finalidad legítima, consentimiento y seguridad
- En audiencias judiciales, los datos (imágenes, voces, identidades) se procesan en plataformas digitales, lo que los convierte en un "espacio de privacidad" protegido. El sabotaje expone fallos en la cadena de custodia digital y permite accesos no autorizados.

Esto se agrava porque ocurre en un proceso judicial, donde la transparencia y seguridad son obligaciones del Estado (art. 168 Constitución). El incidente podría configurarse como vulneración al derecho a la intimidad, honra y reputación (art. 66 nums. 3 y 19 Constitución), además de un riesgo de discriminación o daño moral por el contenido degradante.

2. Artículos de ley relevantes en Ecuador

Constitución de la República (2008)
- Art. 66, numeral 19: "El derecho a la protección de datos de carácter personal, que incluye el acceso y la decisión sobre información y datos de este carácter, así como su correspondiente protección. La recolección, archivo, procesamiento, distribución o difusión de estos datos personales requerirán la autorización del titular o el mandato de ley".
- Art. 92: Garantía de habeas data (acción para acceder, rectificar, actualizar o eliminar datos personales en poder de entidades públicas o privadas).
- Art. 66, numeral 3: Derecho a la honra y reputación (afectado por el deepfake).
- Art. 11: Los derechos son directamente exigibles.

Ley Orgánica de Protección de Datos Personales (LOPDP, 2021)
Esta es la norma clave (publicada en RO Suplemento 459 del 26/05/2021). Artículos relevantes:

| Aspecto | Artículos clave | Contenido principal |

| Definiciones | Art. 4 | Datos personales: cualquier información identificable. Datos biométricos: rasgos faciales, voz, etc. (el deepfake los usa). Datos sensibles: aquellos que pueden generar discriminación (imagen íntima). |
| Principios | Art. 10 | Juridicidad, lealtad, transparencia, finalidad, minimización, proporcionalidad, confidencialidad, seguridad y responsabilidad proactiva. |
| Consentimiento | Arts. 7-8 | Debe ser libre, específico, informado e inequívoco. Revocable en cualquier momento. Excepciones limitadas (no aplican aquí). |
| Medidas de seguridad | Arts. 37-42 | Obligación de implementar medidas técnicas y organizativas (cifrado, autenticación, sala de espera en Zoom). Protección "desde el diseño" y "por defecto". Notificación de brechas en 3-5 días. |
| Derechos de los titulares | Arts. 12-24 | Acceso, rectificación, eliminación, oposición (incluso a perfiles automatizados con IA), portabilidad y no a decisiones automatizadas. |
| Sanciones| Arts. 47, 65-72 (y reformas) | Infracciones graves: multas de 0,7% a 1% del volumen de negocio o 10-20 salarios básicos unificados. Medidas correctivas: cese del tratamiento, eliminación de datos. La Superintendencia de Protección de Datos Personales (SPDP) impone sanciones (ejemplo reciente: multas a LIGAPRO y FEF por apps de datos de hinchas). |

Otras normas

- Código Orgánico Integral Penal (COIP): Art. 212 (suplantación de identidad, agravada con IA). Posibles delitos contra la intimidad (arts. 178-180) o fraude informático.
- Protocolos de audiencias telemáticas (Consejo de la Judicatura y Corte Nacional, actualizados 2024): Exigen contraseñas, sala de espera, verificación de identidad y grabación segura. Zoom debe usarse con licencias Enterprise Plus (seguridad básica, pero insuficiente contra trolls).

 3. Jurisprudencia relevante

- Corte Constitucional: Sentencia 001-2014-PJO-CC (habeas data como garantía efectiva). Sentencia 2064-14-EP/21 (datos sensibles y espacio de privacidad; aplica a imágenes íntimas o manipuladas).
- Casos emergentes con IA/deepfakes: Aún escasos, pero doctrina y artículos académicos (2024-2025) destacan la necesidad de aplicar LOPDP por analogía. Ejemplos:
  - Análisis en revistas como Revista Lex y Revista de Derecho Penal: Deepfakes violan LOPDP y COIP; se proponen tipos penales específicos.
  - Sanciones SPDP (diciembre 2025): Multas a entidades deportivas por tratamiento indebido de datos biométricos en apps (precedente para Emelec, club deportivo).
- Internacional (referencia): GDPR (Europa) y leyes latinas (Brasil, Colombia) tratan deepfakes como tratamiento de datos biométricos. En Ecuador, la jurisprudencia evoluciona hacia mayor protección en entornos digitales.

No hay sentencia exacta sobre "troleo en Zoom judicial", pero el caso podría generar una (vía acción de protección o queja ante SPDP).

 4. Jueces sin conocimiento de tecnología: un problema sistémico

El incidente ilustra analfabetismo digital judicial:
- La jueza confundió el deepfake con intervención real del abogado → falta de comprensión de IA, edición en tiempo real y spoofing en Zoom.

- Problemas comunes:
  - Jueces y secretarios con formación limitada en ciberseguridad (protocolos existen, pero su aplicación es deficiente).
  - Plataformas como Zoom son vulnerables a "Zoom bombing" (troleo masivo), pese a medidas como sala de espera.
  - Estudios (ej. "Justicia electrónica en Ecuador", Función Judicial): Brecha entre avance tecnológico y capacitación. Muchos jueces priorizan audiencias presenciales por desconfianza en lo digital.
- Consecuencias: Retrasos (como aquí), vulneración de derechos y pérdida de confianza en la justicia.
- Soluciones urgentes:
  - Capacitación obligatoria en IA, deepfake detection y forense digital (ya hay pericias en SNMLCF, pero insuficientes).
  - Apoyo técnico permanente en audiencias (como solicitó la jueza).
  - Actualización de protocolos con IA (detección automática de manipulaciones).
  - Reforma legal para tipificar "sabotaje digital a diligencias judiciales".

Este caso es un llamado de atención para la Función Judicial: la digitalización (acelerada por la pandemia) trajo eficiencia, pero sin inversión en ciberseguridad y formación, genera riesgos como este. Emelec y Moreira podrían accionar por daños (civil/penal) y exigir investigación sobre el "Javier" (posible delito). La reprogramación del 18 de febrero será clave para ver cómo se maneja la tecnología esta vez.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL JURIDICA

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